Dietista-Nutricionista en Lugo

Autor: Ricardo

  • Frutos secos

    Frutos secos

    Me veo obligado a escribir este artículo ya no sólo para responder a la pregunta de un amigo, sino ya por refrescarme a mí mismo un poco la memoria. Ayer posteaba una mini entrada en la página de Facebook acerca de los beneficios de los cacahuetes y, a mi ver, parece que fue todo un éxito. Me alegra que os guste lo que escribo, realmente me anima a seguir investigando un poco más. La cuestión es que a raíz de esa entrada mi amigo me preguntaba acerca de los pistachos: qué diferencias había con los cacahuetes, si eran sanos… y creo que puedo darle una respuesta adecuada. He escogido 6 frutos secos que creo que son los más consumidos hoy en día y que tienen especial interés nutricional: cacahuetes, pistachos, nueces, anacardos, almendras , avellanas y pipas de girasol.

    Normalmente se tiene en consideración que determinados frutos secos se pueden intercambiar, siempre teniendo en cuenta su densidad energética y otros aspectos menores que al final repercuten en las cantidades a tomar. Después de darle vueltas al asunto, he aquí el resumen de mi investigación, pinchad en cada una de las diferentes pestañas para ir descubriendo la magia de la nutrición.

    Cacahuetes

    En el caso de los cacahuetes, ya lo había comentado en Facebook que son ricos en calcio, magnesio, fósforo y potasio, además de ser ricos en ácidos grasos monoinsaturados con una cuantía algo menor de poliinsaturados. En el caso de las monoinsaturadas tenemos el acido oleico como máximo exponente, que repercute positivamente a aumentar los niveles de colesterol HDL. Como ejemplo de poliinsaturados, el ácido linoleico, un omega-6 que interviene en la correcta respuesta inflamatoria en la dosis adecuada y en el desarrollo neuronal.  Los cacahuetes también resaltan por poseer un 20% de proteína vegetal por cada 100g. Además son pura fibra y aliviarán el estreñimiento más persistente. Búscalos si andas falto de vitamina E ,B3 (niacina) y ácido fólico.

    Pistachos

    Los pistachos son tremendamente parecidos en composición a los cacahuetes, con casi los mismos niveles de ácido oleico y araquidónico (Omega-6) aunque un poco más elevados en éste caso. El % de lípidos sigue desplazado en su mayoría a las grasas monoinsaturadas. Hasta destacan los mismos minerales, salvo el potasio y el calcio, que están aumentados en los pistachos respecto a los cacahuetes (en el caso de los pistachos es 3 veces superior el nivel de calcio), y el magnesio, que está algo disminuido. Las diferencias más claras radican en que son menos ricos en proteína (12%) y con algo más de carbohidratos que los cacahuetes (11%) y que son una buena fuente de hierro (7.2 mg por cada 100g cuando las recomendaciones diarias están en 12 mg para varones y 15 mg/día para mujeres. Desde luego, algo a tener muy en cuenta. Tiene unos niveles decentes de vitamina E y vitamina B6, responsable del buen funcionamiento del sistema inmunitario y que asociaréis rápidamente al Actimel de Danone (no, no era el L. casi immunitass el que ayudaba con esta función). Su contenido en fibra está a la par que el cacahuete y es de los más altos de los frutos secos.

    Nueces

    Vamos con las nueces. El suplemento natural más difundido en el mundo de la nutrición. El aporte de lípidos es BRUTAL en este caso (>90%) con un contenido modesto de proteína y carbohidratos. Principalmente las grasas están en forma poliinsaturada, con un contenido mayoritario en Omega-6, aunque también, en cantidades más anecdóticas, se encuentran el Omega-3 y el ácido oleico. Aparte del ácido fólico no hay mucho que destacar en cuanto a vitaminas, y en el apartado mineral es rico en calcio, fósforo y magensio a un nivel similar al de los cacahuetes. La mayor diferencia está en su enorme contenido en selenio. En cuanto al aporte de fibra es algo más moderado que los cacahuetes o pistachos, pero también es elevado.

    Anacardos

    Los anacardos son un tipo de fruto seco que se podría decir está de moda. Gusta más que los otros alimentos analizados por su sabor suave. A nivel de los macronutrientes, es menos rico en grasas que los otros (66%), pero mucho más rico en carbohidratos (23%)y podría ser interesante incluirlo como comida de recuperación tras un entrenamiento. En este caso copia las características del cacahuete y el pistacho, destacando en ácido oleico.  Destaca en vitamina E, potasio, magnesio, fósforo y… atención a la sorpresa. Si el nivel de selenio ya era bruto de por sí en la nuez, en este caso es mayor todavía (35 mg/100g por 19 mg que tenía la nuez. 

    Almendras

    La composición de la almendra es similar al de los cacahuetes y pistachos, destacando en ácido oleico y Omega-6. Tiene buen aporte de vitamina E y B3 (niacina). ¿Y qué podemos destacar de los minerales?. Pues el calcio y el magnesio. La cantidad de calcio por 100g es altísima, superando ampliamente a los pistachos.

    Avellanas

    La avellana tiene un contenido en grasa casi igual a la nuez (86%) y casi toda ella está en forma de ácidos grasos monoinsaturados (50%), destacando el ácido oleico. Tiene unos buenos niveles de vitamina E y B3, equiparables a los cacahuetes.  También tiene niveles interesantes de potasio y fósforo, aunque no es que destaquen precisamente. Llama la atención el alto nivel de selenio que, aunque no sea el fruto seco que más tiene, es destacable. Tiene el contenido energético más elevado por 100g (unas 630 Kcal cuando los otros se mueven entre 540 y 590 Kcal), lo que implica una densidad energética muy elevada.

    Pipas de girasol

    Llegando ya al final, decir que las semillas de girasol o «pipas» destacan en proteína a nivel exactamente igual al de los cacahuetes (20g por cada 100g de producto) y destaca en grasa poliinsaturada, concretamente en Omega-6.  Rica en vitamina E, B1  (tiamina) y B3. En cuanto a minerales, tiene las cantidades más altas de magnesio (390 mg/100g para las pipas y 250 mg para las almendras), mineral que contribuye a que la contractibilidad muscular se realice rápida y adecuadamente; y también tiene las más altas de fósoforo. En un segundo apartado destacan el calcio y  el potasio. Sus niveles de zinc también están por encima de la media (5.1 mg/100g cuando las recomendaciones diarias ascienden a 15 mg en varones y 12 mg en mujeres), ayudando al buen funcionamiento del sistema inmune.

    Y esto ha sido todo por hoy. Espero que os guste y por favor sentíos libres de comentar si os gusta, dar un like en Facebook o ponerme una carita sonriente. ¡Todo vale!.

    Para cualquier duda pormenorizada, os espero en consulta tanto en Sinerxia como en mi nuevo proyecto en Pesaúde (Ponteareas).

    Fuente: bedca.com

    «Frutos Secos» by Santi Villamarín is licensed under CC BY-ND 2.0

  • Balance del año, perspectiva de futuro

    Balance del año, perspectiva de futuro

    Buenas tardes a todos,

    A menudo el camino del dietista-nutricionista es arduo, intrincado y a veces provoca fatiga, fruto de la cantidad de viajes que uno debe hacer a lo largo de la semana y de compaginarlo con otras actividades. Es por ello que al profesional en cuestión le tiene que gustar lo que hace, cuestión que yo no discutiría en mi caso puesto que está claro que me encanta.

    Me encanta echar un vistazo atrás y ver a mis pacientes. Cómo han cambiado en aquellas semanas o meses en los que fuimos ajustando su dieta pormenorizadamente. Me gusta, sobre todo, ver la evolución de talentos tan sobrenaturales como el caso de Roi, joven promesa que seguro alcanzará Rio 2016.  Y si tengo que dar las gracias a algo o alguien en concreto se las tengo que dar a Iconica Sports y al equipo que ha estado detrás todo este tiempo, porque me han apoyado para que yo pueda crecer al nivel que estoy hoy en día, para dominar la profesión como la domino ahora y sentar las bases para mi desarrollo futuro. Sin duda ha sido una decisión difícil dejar mi lugar de trabajo para seguir compaginando mi trabajo con mi actividad formativa y mi vida diaria. Por todo ello, muchas gracias Iconica, os deseo el mayor de los éxitos y ojalá volvamos a coincidir en un futuro cercano; ha sido un verdadero placer.

    Es en este momento cuando para mí se abre una nueva etapa donde he comenzado a trabajar en una nueva clínica de fisioterapia y entrenamiento deportivo, Sinerxía, situada en Tui. Esta ciudad ha sido cuna de excelsos piragüistas y de su cantera proviene, entre otros, Roi y los nuevos piragüistas que he tenido el gusto de empezar a tratar y asesorar. Entre sus nombres están reconocidos deportistas como Iván Alonso (actual subcampeón del mundo de maratón en K1 y flamante ganador de la regata de Río Negro, en Argentina), Gabriel Campo y Rubén Millán (especialistas de K2-1000m que buscarán su billete olímpico este año) o el canoista José Luis Bouza, palista que disputó memorables mano a mano con David Cal en los 1000 y 500 metros, una leyenda viviente que fue un placer muy grato conocer.

    Es un futuro abierto donde todavía sigo atando cabos, pero que sin duda es apasionante. Os informaré de todo ello mientras vayan sucediendo los acontecimientos, pero de momento es todo lo que puedo adelantar.

    Muchas gracias a todos por vuestra confianza.

    «Shaking hands» by Melissa Wiese is licensed under CC BY 2.0

  • Oligoelementos

    Oligoelementos

    Dentro del papel de la nutrición respecto a la salud humana, es bien conocido por la sociedad en general la relevancia de los hidratos de carbono, proteínas y grasas (también llamados Macronutrientes) y en menor medida la de algunos elementos con una menor presencia pero igualmente importantes por su implicación como cofactores en las diversas reacciones metabólicas del organismo (micronutrientes) como pueden ser el magnesio o el calcio. Aún dentro de esta segunda categoría de nutrientes existe una subdivisión bien marcada, la constituída por los macroelementos, representados por el calcio, magnesio, fósforo, sodio, potasio, cloro y azufre, y la de los oligoelementos (“oligos” significa “poco” en griego, en referencia a su cantidad en el orgnismo), representados por el cromo, manganeso, yodo, flúor, zinc, hierro, cobalto y selenio.

    Estos oligoelementos permiten conformar un equilibrio adecuado en el sistema orgánico, y su variación en un estrecho margen fisiológico puede conllevar la aparición de determinadas patologías o toxicidades. Sin embargo, en pacientes deportistas, estos requerimientos están aumentados y así, su potencial suplementación adquiere especial interés como objeto de estudio para aumentar el rendimiento físico y la correcta utilización de los nutrientes primarios. Por supuesto, las cantidades recomendadas para deportistas aún están pendientes de evaluar, pero cabe esperar que sean un poco superiores a las de individuos que no practiquen el deporte de manera tan regular y específica.

    Aunque gran parte de esos oligoelementos forman parte del grupo de los metales, no hay que tenerles miedo. Las cantidades existentes en los alimentos, asi como las cantidades diarias recomendadas son del orden de miligramos o microgramos, por lo que la posibilidad de toxicidad con los mismos es remota, aunque siempre se debe de tener en cuenta.
    En la siguiente lista, podemos observar las diferentes funciones asociadas a estos oligoelementos y su rango fisiológico en el cuerpo humano. Conviene estar bien asesorado por un profesional de la Nutrición Humana y la Dietética antes de consumir suplementos de los mismos debido a lo anteriormente explicado, pero no cabe duda que en el futuro estas pequeñas dosis marcarán la diferencia entre distintos resultados a nivel de los atletas de rango élte.

    • El hierro (Fe) constituye mediante su unión a la hemoglobina de la sangre el puente que permite oxigenar las células. No sólo influye su concentración en sangre, sino el porcentaje que se une a la hemoglobina (saturación) y su presencia en depósitos específicos (ferritina). Si la unión es deficiente, de poco servirá que entrenemos en altura para producir más glóbulos rojos y por tanto más hemoglobina, pues no podremos transportar el oxígeno debidamente. Sus cantidades oscilan entre los 11 mg al día para los hombres y los 15 mg/día para las mujeres. Se aprovecha mucho mejor el hierro proveniente de las carnes, pero podemos mejorar la absorción del proveniente de los vegetales mediante la toma de vitamina C (frutas cítricas).
    • El zinc (Zn) es el oligomineral con mayor presencia en el organismo tras el hierro. Su función principal radica en mantener en buen estado el sistema inmune, pero también funciona como antioxidante y cofactor en la síntesis de ADN y proteínas así como en el correcto metabolismo de los carbohidratos. La carne, pescado, las nueces o la levadura son buenas fuentes de este mineral, cuya cantidad recomendada está entre los 9 mg/día para las mujeres adultas y los 11 mg/día para los hombres.
    • El cromo (Cr) interviene en la correcta metabolización de los hidratos de carbono, tanto simples como complejos, de cara a proporcionar energía de manera más eficiente. También tiene un papel relevante en el metabolismo de las grasas, pues interviene en la síntesis de ácidos grasos y colesterol. En los últimos tiempos se viene trabajando con él puesto que aparentemente podría mejorar la sensibilidad a la insulina, pero está en estudio. La levadura, verduras de hoja verde o aceites vegetales contienen cromo en buenas cantidades y su cantidad recomendada está entre 25 y 35 microgramos/día.
    • El yodo (I) posibilita el buen funcionamiento de la glándula tiroides, responsable a su vez de que tengamos un metabolismo mas “rápido” o más “lento”, repercutiendo en el gasto de energía en reposo y en a utilización de nutrientes. Interviene también en la liberación de la hormona del crecimiento y en el desarrollo del cerebro y los huesos. El yodo lo podemos encontrar en productos del mar, pescados o en la sal yodada y se recomiendan al menos 150 microgramos/día para evitar la enfermedad del bocio.
    • En cuanto al cobre (Cu), su función radica en mantener estable el sistema inmune y también en potenciar la síntesis de glóbulos rojos, lo que evita la aparición de anemias no dependientes del hierro. Las legumbres o los cereales integrales lo contienen y se debe consumir del orden de 900 microgramos/día.
    • El selenio (Se) ha cobrado importancia en los últimos tiempos como mecanismo de defensa antioxidante y estimulante del sistema inmune. Muchos alimentos enriquecidos lo pueden contener como, por ejemplo, la leche de vaca, pero también lo encontramos en vegetales, marisco o levadura sobre todo. 55 microgramos al día.
    • Flúor (F). Actúa como antimicrobiano y bacteriostático, de ahí su uso en pastas de dientes, sin embargo también facilita la formación de hueso y contribuye a su dureza. 3-4 mg/día. Se encuentra en té, pescado o espinacas (o en la misma agua del grifo, que viene fluorada).
    • El cobalto (Co) es el átomo central de la vitamina B12 y por tanto es vital que esté en cantidades adecuadas para que ésta realice su función: la síntesis de los glóbulos rojos de la sangre. No hay definidos unos niveles adecuados del mismo, pero podemos encontrarlo en carnes, pescados, lácteos o legumbres y con una alimentación equilibrada no tendremos problema en satisfacer las necesidades de este elemento.
    • El manganeso (Mn) interviene en el correcto metabolismo de las grasas a través de las enzimas correspondientes y favorece la correcta absorción de las vitaminas C, B1 y B8. Se encuentra en pescados, mariscos o cereales integrales; se necesitan sobre 2 mg/día.

    Si deseas saber cómo puedes obtener un estado óptimo de nutrición a este nivel (o si deseas saber más), contacta conmigo y veremos tu caso en consulta paso por paso.

    «Micronutrients for One Week» by Sean Michael Ragan is licensed under CC BY 2.0

  • Sobre grasas y efectos (II)

    Sobre grasas y efectos (II)

    De nuevo os traigo una nueva actualización sobre un componente nutricional muy de actualidad; esta vez se trata de la grasa de palma.

    Este tipo de grasa se obtiene de los frutos de la palma africana (Elaeis guineensis )y la variante Elaeis oleífera, o palma americana.

    La grasa o aceite de palma no es saturada en su composición íntegra, sino que se subdivide en tres vertientes: un 50% es saturada, representada por el ácido graso palmítico, de cadena larga y, por tanto, más difícil de utilizar por la célula para su combustión. Por otro lado, entre un 37-47% se encontrarían los ácidos grasos monoinsaturados (representados por el ácido oleico, el del aceite de oliva de toda la vida) cuyas repercusiones beneficiosas sobre la salud hemos discutido en un post anterior; y por último, tenemos sobre un 10% de ácidos grasos poliinsaturados. Son los ácidos grasos saturados los que le otorgan un elevado punto de fusión a esta grasa vegetal, que aumenta aún más con tratamientos de interesterificación (proceso mediado por enzimas, para uso industrial) para equipararse al nivel de la manteca de cerdo, y que se mantiene sólida a temperatura ambiente. Esto último lo podemos corroborar con los datos obtenidos de la revista Grasas y Aceites, perteneciente al CSIC.

    Esta grasa es utilizada por la industria en gran variedad de productos para sustituír la grasa trans debido a sus propiedades estabilizadoras frente al calor, conservadoras y suavizadoras de textura. A diferencia de la trans, no eleva los niveles de triglicéridos ni disminuye el colesterol bueno o HDL. Aunque, debido a su mayoritaria composición en grasa saturada cabe esperar que eleve los LDL irremediablemente y en nuestras arterias se empiecen a acumular capas de grasa bajo el endotelio de los vasos sanguíneos cuyo proceso acaba en la enfermedad aterosclerótica si se consume a menudo.

    No todo es malo en esta grasa, si nos paramos a pensar en frío evidentemente era peor la grasa trans, obtenida por transesterificación (en el cual se aplican ciclos de diferentes temperaturas a la grasa). Además, este tipo de grasa aporta carotenos (2/3 β-carotenos, que le otorgan su característico color rojo) y vitamina E, de carácter antioxidante relativamente importante, como otros aceites vegetales.

    No hay a día de hoy un nivel fijado de consumo de grasas saturadas: los nutricionistas sabemos que debemos intentar mantener un equilibrio favoreciendo más a las grasas mono y poliinsaturadas para favorecer la salud cardiovascular. Es por eso que, como en grasas saturadas podemos irnos por los cerros de Úbeda relativamente fácil, debemos limitar su consumo en lo posible. También depende del tipo de cadena que posea el ácido graso saturado: un ejemplo de ello es la grasa de Coco, que en un 90% es grasa saturada pero de cadena media (ACM), que parece ser que ingresan en la mitocondria celular con más facilidad, permitiendo así obtener una fuente de energía relativamente rápida y apta para determinados deportes de resistencia. Desgraciadamente la de palma contiene ácidos grasos saturados de cadena larga y preferentemente opta por el almacenamiento en vez de por la combustión.

    Los productos donde se suele utilizar nos los resume la OCU en su artículo específico sobre el tema, pero resumiendo a nivel alimentario se encuentra en productos para picar, bollería, precocinados varios, patatas fritas y aperitivos fritos, cremas o mantequillas/margarinas.

    ¡Ojo!. La grasa saturada interviene en una serie de procesos como la regulación de la vía de las hormonas esteroideas (más info). Dicho de una manera más sencilla, regula nuestros procesos sexuales, entre otras diversas funciones. Aunque no se necesita una cantidad ingente de ella para que esto suceda.

    Así, resumiendo, no toda la grasa saturada es mala, pero debemos limitarla porque tener de manera aislada un tipo de grasa en concreto es difícil, suelen ir mezcladas en los alimentos como “grasa saturada total” y ante la duda, mejor prevenir. Si de vez en cuando tienes que tomar algún producto que contenga esta grasa, no tiene que ser perjudicial para ti siempre que lleves una alimentación equilibrada en el marco de un estilo de vida saludable con una rutina adecuada de ejercicio físico.

    Para más información, la página del EUFIC (Concilio Informativo Europeo sobre Alimentos) resume muy bien algunos aspectos a tener en cuenta de esta grasa. Además, si queréis saber su composición más o menos exacta, en este enlace a la base de datos nutricional BEDCA os será muy útil.

    «Leaves, grass-81-049 – elaeis guineensis» by  artvintage1800s.etsy.com is licensed by Public Domain Mark 1.0

  • Repleción del glucógeno

    Repleción del glucógeno

    Recientemente me ha interesado un tema que me gustaría compartir con vosotros relacionado con la recuperación entre entrenamientos; en concreto, me refiero a la reposición del glucógeno muscular. El glucógeno es una macromolécula formada por moléculas de glucosa de manera ramificada. Muchos deportistas opinan que otros monosacáridos distintos de la glucosa, como la fructosa, no pueden reponer los depósitos de glucógeno muscular, algunas veces argumentando una falta de transportadores intracelulares, otras veces alegando que la fructosa no se puede convertir a glucosa en el músculo. Como consecuencia, la fruta (que contiene fructosa además de glucosa) suele quedar relegada en las pautas de recuperación a un segundo plano para estos deportistas. Bien, en este artículo voy a romper una punta de lanza en favor de la fructosa y en concreto le doy un voto de confianza a la fruta como recuperante del glucógeno muscular. Pero antes mencionaremos un par de datos importantes

    • En primer lugar, los depósitos de glucógeno en el hígado necesitan de menos cantidad de glucosa para rellenarse que en el caso de los depósitos musculares. Para que os hagáis una idea (y cito textualmente de este artículo): «Por ejemplo, una persona de 70 kg con un porcentaje de masa muscular de un 45%, dispondrá de 315 g de glucógeno almacenado en los músculos, mientras que en el hígado tendrá alrededor de 80 g.» La cantidad de glucógeno muscular parece ser modificable en función del entrenamiento que sufra la persona, pudiendo maximizarse.
    • Las enzimas y transportadores encargadas de transportar y transformar la glucosa y la fructosa son distintos en hígado y músculo esquelético.

    Una vez aclarado esto, aquí vienen mis argumentos. En el músculo parecen existir unos transportadores moleculares denominados GLUT-5 ubicados en el sarcolema que permiten la entrada de la fructosa en la célula muscular. A diferencia del principal transportador de glucosa en el músculo, el GLUT-4, el cual aumenta su tasa de transporte de glucosa a la célula por traslocación de transportadores a la membrana en respuesta al ejercicio muscular, el GLUT-5 parece que no experimenta cambios, según este otro estudio. Además, dentro del músculo se halla un grupo de enzimas denominadas Fructocinasas-A o Hexocinasas-A (fuente) cuya función es transformar la fructosa en glucosa. Parece ser que tienen una eficiencia menor que las fructocinasas halladas en el hígado, pero aún así parecen perfectamente funcionales (a falta de estudios que investiguen más pormenorizadamente su contribución a la glucogénesis).

    La fructosa tiene un papel importante a la hora de planificar un entrenamiento, pues su bajo índice glucémico y su nulo estímulo de la insulina contrastan con el efecto producido por la glucosa. Además, el transportador GLUT-5 es independiente de la señal insulínica, por lo cual la frutctosa entra en la célula sin más problema limitante que el índice de saturación de los transportadores. La fruta, al contener una combinación de glucosa y fructosa permite una aparición más paulatina de la glucosa en sangre y algunos estudios refieren un potencial aumento del rendimiento en deportistas de resistencia que incluyen la fructosa como nutriente en su alimentación. En mi opinión, la única diferencia entre consumir glucosa o fructosa en la reposición del glucógeno es la velocidad a la que ésta tiene lugar, pero nada más.

    Es cierto que los transportadores de fructosa poseen una mayor actividad en la célula hepática, pero eso no significa que la fructosa necesariamente acuda al hígado como medio de elección y que se transforme en triglicéridos (grasa) con más facilidad. Como he comentado, la célula muscular también acepta fructosa y controlando las cantidades de este azúcar no debería haber ningún problema. Lo que sí hay que tener en cuenta es que el hígado posee una cantidad menor de glucógeno que el músculo y es muy fácil que un exceso, tanto de fructosa como de glucosa, ocasione una conversión de éstas en triglicéridos y un almacenamiento en el tejido graso; por tanto, en la variedad y el equilibrio estará el gusto.

    Discusión: vistos algunos estudios sobre la fructosa y sus efectos a nivel adiposo, he de decir que en ellos utilizan jarabe de fructosa y otros preparados, muchas veces en combinación con glucosa en elevada concentración y que a mi juicio no son muy representativos. Así, el aumento porcentual graso en el hígado es observado tanto con un exceso de glucosa como de fructosa (aunque ésta última se lleve la mala fama). Llevando una dieta correcta, sin consumir bebidas comerciales que contengan este jarabe se evitan muchos problemas. Es más, la fruta puede tener fructosa, pero también posee fibra de corte soluble, cuyos efectos sobre obesidad, diabetes o síndrome metabólico son bien reconocidos así como su papel en la pérdida ponderal. Otros componentes importantes podrían ser las vitaminas del grupo B, algunas de las cuales intervienen en el correcto metabolismo de los hidratos de carbono, grasas y proteínas; y los minerales.

    «strawberries» by Victor Camilo is licensed by CC BY-ND 2.0

  • Sobre grasas y efectos (I)

    Sobre grasas y efectos (I)

    Esta nueva actualización se referirá a un bloque temático sobre el papel de los distintos tipos de grasa en la salud humana, con algunos ejemplos de estudios científicos de actualidad que nos ayudarán a comprender la situación. Para abrir este ciclo, nada mejor que comenzar con la grasa monoinsaturada (en adelante AGM, de ácidos grasos monoinsaturados). Así a primeras quizás no sepáis a que me refiero, pero si os digo “aceite de oliva” seguro que os suena. Este tipo de grasa abunda en este aceite, pero también lo podemos encontrar en el aguacate o en frutos secos, por ejemplo. La grasa monoinsaturada se llama así debido a que su esqueleto químico repleto de carbonos sufre una traslocación que le hace perder su linealidad (proceso comúnmente llamado “insaturación”). Sólo posee un cambio de este tipo en toda su estructura. La ventaja que ofrece este tipo de grasa es su potencial regulación del colesterol mediante la reducción del colesterol LDL (comúnmente conocido como “colesterol malo”). Pero tiene otro tipo de efectos beneficiosos, también a nivel hormonal y hoy escribo estas líneas para poneros unos ejemplos de actualidad.

    En base a la reducción del colesterol, un estudio clínico en humanos de Vafeiadou & co. (2015) probó que inclinando la balanza de los tipos de grasa a favor de los ácidos grasos monoinsaturados  provocaba una disminución significativa del colesterol total en ayunas, del colesterol LDL, de la presión sanguínea sistólica y una reducción en la relación entre el colesterol total y el colesterol HDL sanguíneo (colesterol “bueno”), lo cual implicaba una reducción en los índices de mortalidad cardiovascular del 17-20% de media en los asistentes al estudio que siguieron una dieta rica en AGM  respecto a los que hicieron lo propio con una dieta rica en ácidos grasos saturados.

    Por otro lado, respecto al metabolismo hormonal, se sabe que en la obesidad reduce la expresión de adiponectina, una hormona antiinflamatoria y sensible a la acción de la insulina. La obesidad comúnmente trae asociados altos niveles de estrés oxidativo celular y una marcada acción inflamatoria. Para entender cómo nos pueden ayudar los AGM en este caso, tenemos este estudio in vitro  (2015) que trató células adiposas con concentraciones de ácido oleico (AGM del aceite de oliva) «nutricionalmente relevantes» (aquí el artículo no es muy específico, por lo que se debería contrastar con las cantidades presentes en el aceite de oliva que ingerimos al día de media). El resultado fue que se evitó en un 42% el descenso en la secreción de dicha hormona al utilizar este tratamiento.

    Finalmente y en un estudio más pequeño visto en la revista Nutrición Hospitalaria (2015), se comparó el sutil cambio sobre marcadores como el colesterol (en sus distintas variantes, entre otros)  y otras medidas antropométricas (como la circunferencia de la cintura) entre utilizar mantequilla en las comidas y alimentación diaria(rica en ácidos grasos saturados) y utilizar aceite de oliva. Como resultado, se concluyó que la dieta que utilizaba mantequilla aumentaba el riesgo cardiovascular en las personas que la siguieron, mientras que la dieta de aceite de oliva reducía el riesgo de padecer enfermedades coronarias y el llamado síndrome metabólico en el otro grupo.

    Estos son sólo algunos estudios que nos podemos encontrar. Por supuesto, algunos son más rigurosos que otros, como por ejemplo el último,  que tiene de pega el bajo número de participantes, el corto tiempo de exposición o la escasa fiabilidad de los registros dietéticos (ya que la persona podría mentir acerca de la dieta que siguió). Si tuviese que dar un consejo, sería ir con cautela. Debido a sus beneficios podríamos considerar inclinar la balanza de las grasas en favor a los AGM, pero esto no significa que podamos tener barra libre de aceite de oliva. No debemos olvidar que es un lípido y conlleva un alto valor calórico que puede hacer peligrar el equilibrio de la dieta diaria. Y por supuesto, debemos tener en cuenta la opinión de paneles de expertos a la hora de aplicar estos preceptos, como siempre. Pero es un buen comienzo saber que este tipo de grasa puede ser útil ingerida con moderación en el día a día a la hora de prevenir enfermedades cardiovasculares o de carácter metabólico.

    «Ol.-Oil—Pomp-Blog» by U.S. Department of Agriculture is licensed under CC BY 2.0

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Ricardo Estévez

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