Dietista-Nutricionista en Lugo

Categoría: Nutrición

  • Alimentación saludable en el trabajo: ideas prácticas que sí caben en la jornada

    Alimentación saludable en el trabajo: ideas prácticas que sí caben en la jornada

    El bol de fruta junto a la impresora queda estupendo en la foto. Ahora bien, si nadie tiene tiempo para sentarse a comer, poco va a solucionar. Hablar de alimentación saludable en el trabajo exige mirar algo más que el contenido del tupper.

    Los horarios, los turnos, las pausas, el espacio disponible y la oferta de alimentos condicionan las decisiones. No come igual quien trabaja de ocho a tres que quien enlaza una noche con otra, conduce durante horas o atiende al público sin saber cuándo podrá parar.

    Culpar a alguien porque no lleva quinoa resulta bastante fácil. Más útil sería preguntar qué obstáculos encuentra y cuáles se pueden cambiar, tanto por su parte como por la empresa.

    Comer bien en el trabajo no es comer perfecto

    Una alimentación saludable se construye con el conjunto de decisiones habituales. La Organización Mundial de la Salud destaca el valor de una alimentación variada, con presencia de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes adecuadas de proteína, y con menos sal, azúcares libres y grasas poco recomendables.

    No hace falta preparar una ensalada de catálogo cada mañana. Un plato recalentado, una conserva bien combinada o un bocadillo completo resuelven muchas jornadas mejor que ese menú ideal que nunca sale de Pinterest.

    Ideas prácticas para quien lleva comida al trabajo

    Planifica dos o tres comidas, no toda tu existencia

    Si planificar cinco días te supera, empieza por los más difíciles. Decide qué llevarás dos o tres jornadas y deja el resto para opciones conocidas. Preparar una ración extra en la cena suele ser más realista que inaugurar una fábrica de tuppers el domingo.

    Utiliza una estructura sencilla para el tupper

    Puedes combinar verduras u hortalizas, una fuente de proteína y, según tus necesidades y apetito, patata, pan, arroz, pasta u otro cereal. Por ejemplo: garbanzos con verduras y huevo; arroz con salteado vegetal y pollo; pasta con tomate, calabacín y atún; o patata, judías verdes y pescado.

    No hace falta que cada recipiente sea una obra completa. Si te resulta más cómodo, lleva la fruta, el pan o parte de la comida por separado. La tapa que no cierra ya aporta suficiente emoción a la mañana.

    Crea un pequeño fondo de emergencia

    Si el lugar lo permite, guarda opciones que duren y te saquen de un apuro: frutos secos, fruta, conservas, pan crujiente, legumbres cocidas o productos que puedas combinar con lo disponible. La idea es recurrir a ello de vez en cuando, cuando una reunión imprevista amenaza con decidir por ti.

    Bebe según tus necesidades

    Tener agua accesible ayuda más que confiar en acordarte cuando ya termina la jornada. Café y té pueden formar parte de la rutina, pero no deberían sustituir sistemáticamente el descanso, el sueño ni las comidas. La cuarta taza no negocia convenios colectivos.

    No conviertas el tentempié en una obligación

    Tomar algo a media mañana o media tarde puede venir bien si tienes hambre o muchas horas entre comidas. No hay ninguna obligación de hacerlo. Fruta, yogur, frutos secos, un bocadillo pequeño u otras opciones pueden encajar; el momento y la cantidad dependen de la persona y de su jornada.

    ¿Y si trabajas a turnos o de noche?

    Los turnos alteran horarios, sueño, apetito y vida social. Pretender que todo el mundo desayune, coma y cene a las mismas horas es ignorar el problema con mucha disciplina.

    • Identifica en qué momento toleras mejor la comida principal y evita imponer un reloj convencional.
    • Lleva una opción planificada para no depender siempre de máquinas o establecimientos abiertos de madrugada.
    • Prueba cantidades y preparaciones que no dificulten tu descanso posterior.
    • Cuida el sueño y la exposición a cafeína, especialmente cerca del momento en que quieres dormir.
    • Ajusta la estrategia si existe medicación, diabetes, enfermedad digestiva u otra situación clínica.

    No hay un menú nocturno universal. La respuesta individual, la duración del turno, la actividad física y el acceso a pausas cambian mucho. Cuando el puzle se complica, una valoración personalizada ahorra bastantes experimentos.

    Comedor laboral con agua, nevera, microondas y varios recipientes de comida casera
    El tiempo, el espacio y los recursos disponibles también condicionan cómo comemos en el trabajo.

    Qué puede hacer una empresa para facilitar una alimentación saludable

    La salud laboral no depende únicamente de que cada empleado “se organice mejor”. La OMS recuerda que las condiciones y el entorno de trabajo influyen en el bienestar. Algunas medidas bastante menos fotogénicas que una cesta de fruta son también más útiles:

    • Pausas reales y previsibles. Tener derecho teórico a comer no sirve si la carga de trabajo hace imposible utilizarlo.
    • Agua potable accesible. Sin tener que recorrer medio edificio ni depender de comprar una botella.
    • Un espacio limpio y suficiente. Nevera, microondas, mesas, asientos y mantenimiento acorde al número de personas.
    • Una oferta variada. Revisar máquinas, comedor o catering para que existan opciones razonables, asequibles y apetecibles.
    • Información útil. Talleres y materiales prácticos adaptados a turnos, puestos y necesidades reales.
    • Atención a la diversidad. Contemplar alergias, celiaquía, preferencias culturales, religiosas y otras necesidades sin convertirlas en una carrera de obstáculos.
    • Escuchar a la plantilla. Antes de diseñar una campaña, conviene preguntar qué problemas quieren resolver quienes van a vivirla.

    En un entorno favorable nadie vigila lo que aparece en cada plato. Simplemente resulta más fácil elegir opciones saludables sin que el trabajo lo ponga cuesta arriba.

    Acciones de empresa que pueden hacer más daño que bien

    • Concursos de pérdida de peso. Mezclan salud con exposición corporal, competición y posibles conductas de riesgo.
    • Etiquetar a empleados por lo que comen. El comentario disfrazado de consejo sigue siendo un comentario no solicitado.
    • Retos obligatorios. La participación forzada no mejora la autonomía ni contempla condiciones médicas.
    • Formación sin cambios organizativos. Explicar cómo comer mientras se mantienen turnos sin pausas es un modo elegante de trasladar la responsabilidad.
    • Mensajes basados en miedo o culpa. Pueden aumentar estigma y rechazo sin mejorar hábitos sostenibles.

    Promover la salud pasa por reducir barreras, ofrecer recursos y respetar las decisiones de cada persona. Para policías del táper ya tenemos las redes sociales.

    Empieza por el problema que más se repite

    Para empezar, elige un cambio que resuelva un problema concreto: llevar comida dos días, dejar una botella en el puesto, preparar una opción de emergencia o pedir una pausa más previsible. Observa si funciona y ajusta. Renovarse o morir, sí; reorganizar toda la vida cada lunes, quizá no.

    Las empresas que quieran trabajar estos aspectos pueden consultar los servicios para empresas de Ideas PreCocinadas. También tienes información sobre formación y educación alimentaria. Conviene conocer primero el entorno y dejar después herramientas que sigan sirviendo cuando el taller haya acabado.


    Si quieres trabajar la alimentación de tu equipo o revisar tu situación particular, puedes pedirnos asesoramiento individualizado desde la página de contacto.

  • Nutricionista presencial u online: diferencias y cómo elegir

    Nutricionista presencial u online: diferencias y cómo elegir

    Elegir entre nutricionista presencial u online no debería convertirse en una guerra entre el equipo de la silla y el equipo de la videollamada. Las dos modalidades pueden servir, y ninguna arregla por sí sola una consulta mal planteada.

    El lugar desde el que hablamos influye menos que la valoración, la adaptación a tu realidad y el seguimiento posterior. He visto consultas online muy cercanas y consultas presenciales bastante impersonales.

    Antes de elegir: ¿qué hace un dietista-nutricionista?

    En España, dietista-nutricionista es una profesión sanitaria regulada. La Ley 44/2003 de ordenación de las profesiones sanitarias define sus funciones en relación con la alimentación de personas o grupos, teniendo en cuenta sus necesidades fisiológicas y, cuando corresponde, patológicas.

    Esto importa porque “asesor nutricional”, “coach” y otras etiquetas pueden sonar estupendamente en una biografía de Instagram, pero no sustituyen una titulación sanitaria. Si vas a confiar información sobre tu salud, conviene comprobar quién está al otro lado.

    Qué debería ocurrir en una primera consulta

    En una primera sesión hay bastante más que entregar un PDF con pollo y arroz. Conviene conocer el motivo de consulta, antecedentes médicos, analíticas o medicación cuando sean relevantes, horarios, actividad física, relación con la comida, preferencias, habilidades culinarias y contexto familiar, laboral y económico.

    No toda esa información pesa igual en todas las personas. Precisamente por eso la consulta debe investigar antes de prescribir. El mejor plan teórico fracasa si ignora que trabajas a turnos, odias cocinar, compartes mesa con cuatro personas o no puedes permitirte determinados alimentos.

    Qué aporta la consulta presencial

    • Contacto cara a cara. Algunas personas se sienten más cómodas hablando en el mismo espacio y separando la consulta de su vida doméstica.
    • Mediciones clínicas cuando son útiles. El profesional puede realizar determinadas medidas antropométricas o exploraciones dentro de sus competencias, si aportan algo al objetivo.
    • Menos dependencia técnica. No hace falta dominar una plataforma de videollamada ni disponer de una conexión especialmente buena.
    • Un espacio preparado para la consulta. Puede facilitar privacidad y concentración a quien no las tiene en casa o en el trabajo.

    Ahora bien, acudir físicamente no obliga a pesarte en cada visita ni convierte el peso en el protagonista. Medir por rutina llena la ficha de números, aunque algunos aporten poco. Y la báscula de bioimpedancia, por mucho que impresione, tampoco concede superpoderes a quien la enciende.

    Qué aporta la consulta nutricional online

    • Evita desplazamientos. Puede encajar mejor si vives lejos, viajas, tienes movilidad reducida o una agenda complicada.
    • Amplía la elección de profesional. No tienes que limitarte a quien atiende cerca de tu código postal.
    • Facilita compartir materiales. Etiquetas, registros, menús, fotografías o documentos pueden revisarse durante la sesión.
    • Permite consultar desde tu entorno. En algunos casos resulta útil enseñar la despensa, los utensilios disponibles o los productos que generan dudas.

    Una videollamada puede ser cercana o fría, exactamente igual que una visita en consulta. Requiere conexión estable, un dispositivo adecuado y un lugar donde puedas hablar con privacidad. Hacerla desde el coche aparcado o entre dos reuniones puede sacarte del apuro; como rutina, quizá no sea el mejor escenario.

    Consulta nutricional presencial con dos sillones y consulta online mediante videollamada
    La modalidad puede cambiar; la valoración y el seguimiento deberían mantener la misma calidad.

    Lo que no debería cambiar entre una modalidad y otra

    Tanto presencialmente como online, deberías encontrar:

    • Una valoración individual antes de proponer cambios.
    • Objetivos acordados y revisables, no una lista de prohibiciones.
    • Recomendaciones basadas en evidencia y explicadas con claridad.
    • Respeto por tus preferencias, cultura, presupuesto y circunstancias.
    • Protección de tus datos y confidencialidad.
    • Seguimiento para ajustar lo que no funcione.
    • Capacidad para derivar a medicina, psicología u otra profesión cuando el caso lo necesita.

    Valoro que un profesional sepa decir “esto no es de mi competencia”. Quien promete resolverlo todo me da bastante más desconfianza que quien reconoce un límite. Los cuerpos humanos tienen la mala costumbre de ser algo más complejos que un carrusel de cinco diapositivas.

    ¿Cómo elegir entre nutricionista presencial u online?

    Puedes tomar la decisión con estas preguntas:

    1. ¿Necesitas alguna medición presencial? Pregunta antes si realmente es necesaria para tu objetivo.
    2. ¿Cuánto te cuesta desplazarte? Cuenta tiempo, transporte, aparcamiento y conciliación, no solo dinero.
    3. ¿Tienes privacidad y buena conexión? Una consulta online necesita ambas cosas para funcionar con normalidad.
    4. ¿En qué formato te expresas mejor? La comodidad para contar lo que ocurre también forma parte de la atención.
    5. ¿Qué disponibilidad necesitas? Compara horarios, frecuencia de seguimiento y facilidad para reprogramar.
    6. ¿Quién es el profesional? Revisa titulación, experiencia, metodología y posibles conflictos de interés.

    Si las dos opciones encajan, elige la que te resulte más cómoda. También puedes combinarlas: una primera visita presencial y seguimientos online, o al revés. No hace falta jurar fidelidad a ningún formato.

    Cuándo puede no ser suficiente una consulta online

    Puede no ser la mejor opción si necesitas una valoración física específica, no puedes garantizar privacidad, la tecnología hace imposible comunicarse o tu situación requiere coordinación presencial con otros profesionales. El dietista-nutricionista debería explicarlo y ofrecer alternativas.

    Ante síntomas agudos o una urgencia sanitaria, una consulta nutricional —online o presencial— no sustituye la atención médica correspondiente. Y en trastornos de la conducta alimentaria u otros casos complejos suele ser necesario un abordaje coordinado y especializado.

    Yo miraría antes cómo se plantea la consulta

    Antes que el formato, preguntaría si la atención está bien planteada y puede adaptarse a ti. Cuando eso falla, compartir sala tampoco lo arregla.

    Puedes conocer cómo trabajo en la consulta dietética. Si prefieres gestionar una cita o ver otras modalidades, tienes más información en Ideas PreCocinadas. Trabajo a partir de la persona que tengo delante, no de una dieta guardada en un cajón.


    Si quieres que revisemos tu caso y preparemos una propuesta adaptada a tus circunstancias, puedes pedirnos asesoramiento individualizado desde la página de contacto.

  • Cómo organizar un menú semanal saludable sin complicarte la vida

    Cómo organizar un menú semanal saludable sin complicarte la vida

    Hablar de un menú semanal saludable puede sonar a cuadrículas, tuppers perfectamente colocados y un domingo entero metido en la cocina. Pero no hace falta montar una operación militar para comer bien durante la semana.

    Lo digo muchas veces en consulta: un plan solo es bueno si cabe en tu vida. Si exige cocinar siete recetas distintas, comprar ingredientes que no vuelves a utilizar y rechazar cualquier imprevisto, durará menos que la motivación de enero.

    Con un poco de previsión tomas menos decisiones durante la semana, compras con más sentido y tienes algo razonable a mano cuando llegas a casa cansado y mirando la nevera con odio.

    ¿Por qué merece la pena planificar las comidas?

    Planificar un poco ayuda a comer más variado, desperdiciar menos alimentos y depender menos de lo primero que aparezca cuando hay hambre. También permite ajustar mejor la compra al número de personas, los horarios y el tiempo real disponible.

    Las recomendaciones alimentarias de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición insisten en priorizar alimentos vegetales, variar las fuentes de proteína y limitar los productos muy procesados. Sobre el papel suena sencillo. El problema suele estar en cómo llevarlo a un martes cualquiera.

    Cómo hacer un menú semanal saludable en seis pasos

    1. Empieza por tu agenda, no por las recetas

    Antes de decidir qué vas a comer, mira la semana. ¿Qué días llegas tarde? ¿Cuándo comes fuera? ¿Hay entrenamiento, reuniones o niños con actividades? Una cena rápida tiene sentido el día complicado; una receta con cuarenta minutos de horno, bastante menos.

    Marca primero las comidas que realmente harás en casa. Así evitas diseñar un menú para una persona imaginaria que dispone de tiempo infinito y, de paso, comprar para alimentar a un pequeño ejército.

    2. Revisa nevera, congelador y despensa

    Antes de escribir la lista de la compra, revisa lo que ya tienes. Ese calabacín que está pidiendo auxilio puede formar parte de una crema, un salteado o una salsa. Las legumbres cocidas, los huevos, las conservas de pescado y las verduras congeladas son buenos recursos para semanas reales, no solo para fotografías bonitas.

    Planificar también es decidir qué alimentos conviene utilizar primero. El desperdicio suele empezar cuando compramos con entusiasmo y cocinamos con otra agenda distinta.

    3. Elige las verduras antes de completar el plato

    Una forma sencilla de ganar variedad es pensar primero qué verduras u hortalizas aparecerán en cada comida principal. No tienen que ser siempre ensaladas. Pueden ir al horno, en crema, salteadas, guisadas o congeladas si eso facilita que lleguen al plato.

    Después añade una fuente de proteína y otra de hidratos de carbono cuando encaje: patata, arroz, pasta, pan o algún otro cereal. No hace falta pesar cada elemento; basta con que la combinación te evite resolver cinco cenas con queso y pan porque nadie pensó un poco antes.

    4. Alterna las fuentes de proteína

    Reparte durante la semana legumbres, pescado, huevos, carnes y otras opciones que formen parte de tu alimentación. No todo es arroz y pollo; de hecho, el clásico arroz con pollo también se cansa de nosotros.

    La variedad facilita cubrir necesidades nutricionales y evita que el menú se convierta en una penitencia. Si existe una condición médica, alergia, embarazo, medicación o una necesidad concreta, la planificación debe individualizarse con un profesional sanitario.

    Verduras, garbanzos, arroz y patatas combinados en diferentes platos semanales
    Con unas pocas preparaciones base se pueden resolver comidas diferentes durante la semana.

    5. Cocina bases que puedas transformar

    No necesitas preparar quince tuppers idénticos. Puedes cocinar dos o tres bases y combinarlas: una bandeja de verduras asadas, legumbres cocidas, arroz, una crema o patatas al horno. Hoy acompañan un pescado; mañana entran en una ensalada templada o en un salteado.

    El batch cooking puede ser útil, pero no es obligatorio ni tiene que ocupar media vida. También vale cocinar doble cantidad de una receta que congela bien o dejar lavadas algunas verduras. Si organizarte te lleva más tiempo del que ahorra, toca simplificar.

    6. Convierte el menú en una lista de la compra

    Agrupa la lista por secciones y anota cantidades aproximadas. El Ministerio de Sanidad ofrece recursos prácticos sobre cómo preparar la lista de la compra y sobre organización y cocinado.

    Deja además un pequeño fondo de armario para imprevistos: verduras congeladas, conservas, huevos, legumbres cocidas o pan congelado. Tenerlos a mano viene muy bien, porque los miércoles existen.

    Un ejemplo flexible de menú semanal

    Tómalo como un ejemplo abierto. Puedes intercambiar días, reutilizar sobras y adaptar cantidades, ingredientes y técnicas a tus preferencias.

    DíaComidaCena
    LunesLentejas con verdurasTortilla y ensalada variada
    MartesArroz integral con pollo y verdurasCrema de verduras y tostada con hummus
    MiércolesPasta con tomate, calabacín y atúnPescado al horno con patata y brócoli
    JuevesGarbanzos salteados con verdurasRevuelto de setas y ensalada
    ViernesMerluza con patata y judías verdesPizza casera con verduras
    SábadoComida flexible o fuera de casaCrema de verduras y bocadillo completo
    DomingoArroz con verduras y proteína a elegirAprovechamiento de sobras

    Cuando hablo de flexibilidad me refiero a poder mover una comida, salir a cenar o cambiar una receta sin sentir que el menú ha fracasado. Ya tenemos bastantes obligaciones como para añadir otro policía de la comida.

    Errores que convierten un buen menú en papel mojado

    • Planificar demasiadas recetas nuevas. Introduce una o dos y apóyate en platos conocidos.
    • No contar con los horarios. La receta perfecta a la hora equivocada sigue siendo poco práctica.
    • Comprar sin revisar lo que hay. Es la vía rápida para duplicar alimentos y tirar otros.
    • Olvidar una opción de emergencia. El congelador y la despensa también forman parte de una alimentación saludable.
    • Buscar variedad absoluta. Repetir una comida que funciona no es un problema. La monotonía de meses sí puede serlo; aprovechar una preparación dos veces en una semana, no.
    • Hacer un plan demasiado rígido. Si un cambio de agenda lo derriba entero, el problema no eres tú: es el plan.

    El menú tiene que servirte durante una semana normal

    Un menú semanal saludable debe ayudarte a decidir menos y comer mejor, no añadir culpa. Empieza con tres o cuatro días, repite preparaciones y corrige lo que no funcione. A la semana siguiente sabrás más sobre tu organización que después de guardar veinte menús perfectos en Instagram.

    Y si necesitas adaptar la planificación a tus horarios, preferencias o situación de salud, puedes consultar los servicios de Ideas PreCocinadas. Allí podemos partir de tus horarios y de lo que realmente comes, sin recurrir a alimentos obligatorios ni montar dramas.


    Si quieres organizar el menú según tus horarios, preferencias o necesidades, puedes pedirnos asesoramiento individualizado desde la página de contacto.

  • ¿Qué es la endometriosis?

    ¿Qué es la endometriosis?

    La endometriosis es una enfermedad en la cual, el tejido que crece normalmente en el interior del útero, crece fuera de éste. Puede crecer en los ovarios, las trompas de Falopio, el intestino o la vejiga, entre otros órganos y tejidos.

    La endometriosis puede causar dolor pélvico intenso, sangrado menstrual irregular, dolor durante las relaciones sexuales e incluso puede causar problemas de fertilidad en algunas mujeres.

    Aparato reproductor femenino

    En la endometriosis, el tejido endometrial puede migrar a lugares tan lejanos como el cerebro. La afectación extragenital afecta a entre un 3 y 37% de las mujeres que padecen endometriosis. Una de las zonas afectadas es el sistema digestivo, sobre todo el colon rectosigmoide, afectando a la digestión.

    Esta enfermedad es crónica y no tiene cura, pero existen diferentes tratamientos para aliviar los síntomas.

    Papel de la nutrición en la endometriosis

    La evidencia científica actual sugiere que la dieta y el estilo de vida pueden influir en la presencia de inflamación en el cuerpo, la actividad estrogénica, el ciclo menstrual y el metabolismo de las hormonas. Por lo tanto, la dieta y el estilo de vida también pueden afectar el riesgo de desarrollar endometriosis.

    Existen varias teorías que relacionan la endometriosis con la dismenorrea, que es el dolor asociado a la hemorragia menstrual debido a las contracciones menstruales del útero.

    Uno de los posibles factores que afectan tanto a la endometriosis como a la dismenorrea son los niveles de prostaglandinas.  Las prostaglandinas son sustancias parecidas a hormonas que se producen en el cuerpo en base a nuestra actividad o lo que comemos, por ejemplo, y actúan como mensajeros químicos generando otras reacciones corporales. Tienen una variedad de funciones importantes en el cuerpo, incluyendo la regulación de la inflamación, la coagulación, la contracción del músculo y la sensación de dolor.

    Inflamación en la endometriosis

    La inflamación es un proceso patológico que se da en cualquier parte del organismo mediada por una disfunción del sistema inmunitario y cursa con aumento de calor, enrojecimiento, hinchazón y dolor, entre otros. Manifestaciones que ocurren en la endometriosis.

    Existen prostaglandinas que promueven la inflamación y otras que ayudan con ella (más información). Un buen balance es importante porque podrían ayudar con la la inflamación y el dolor asociados con la endometriosis. Los ácidos grasos Omega-3 derivados de la dieta (EPA y DHA) aumentan los niveles de PG antiinflamatorias y se relacionaron con una reducción de la inflamación y, por lo tanto, con un menor dolor.

    Seguidamente podemos ver un gráfico que muestra, según un estudio prospectivo, el impacto de la sustitución de ácidos grasos en el riesgo de endometriosis. (Ver estudio de Missmer y col. (2010))

    En esta tabla podemos observar como el riesgo de endometriosis es menor (barras se desplazan a la izquierda) cuando se consume omega 3 en lugar de grasa saturada o grasa trans, y como aumenta considerablemente con el consumo de grasas trans en lugar de omega 3 (barra desplazada a la derecha).

    Oxidación en la endometriosis

    Otro factor que podría influir en esta patología son los polifenoles, que son moléculas con más de un grupo fenol que se encuentran en plantas. Algunos ejemplos son los taninos, flavonoides, la lignina o el resveratrol. Estas moleculas tienen una actividad antiinflamatoria y antioxidante.

    La oxidación es un proceso bioquímico de pérdida de electrones siempre asociado a otro de captación que llamamos reducción. Esta oxidación es fundamental para la vida pues participa en los procesos de obtención de la energía celular. Sin embargo cuando existe un exceso de oxidación aparece el estrés oxidativo y se generan radicales libres, moléculas que interactúan mucho y afectan a otras células, dañándolas, o al propio proceso inflamatorio.

    La fruta y la verdura se caracterizan por su alto contenido en polifenoles y su importante poder antioxidante, estabilizando los RL. Por esto, las recomendaciones de fruta son como mínimo 3 raciones diarias, siendo una de ellas del grupo de los cítricos para aumentar el aporte de vitamina C y al menos 2 raciones al día de verduras. Con estas recomendaciones aumentaremos el poder antiinflamatorio de la dieta. (Ver recomendaciones nutricionales para pacientes con endometriosis del “Hospital Univeritario La Paz”)

    Conclusión

    La endometriosis es un campo de investigación en expansión. Hay muy poca evidencia científica sobre los trastornos hormonales y los trastornos que afectan al aparato reproductor de la mujer.

    Afectan a esta condición muchos factores como el genético, el medioambiental o el social. En cambio, está claro que una alimentación equilibrada acompañada de ejercicio físico diario (es decir, cambios en el estilo de vida), pueden colaborar en una mejora de los síntomas e incluso disminuir el riesgo de padecer endometriosis.

    Artículo realizado por Cristina Méndez, alumna en prácticas en nuestra consulta y a la que agradecemos enormemente su labor y buena disposición para aprender 🙂

  • Psiconeuroinmunología, ¿qué pasa con esto?

    Psiconeuroinmunología, ¿qué pasa con esto?

    La psiconeuroinmunología nos ha abordado los últimos tiempos, aplicada a la nutrición, con promesas sobre la mejora de situaciones como los problemas digestivos o la inflamación pero, ¿qué es realmente?,¿actúa con base en la ciencia?, ¿es correcto aplicarlo a nivel nutricional?, ¿hay lucro éticamente reprochable?. Te lo contamos en este artículo.

    Los inicios de la psiconeuroinmunología

    A principios de la década de los 70 del psicólogo Robert Ader y el inmunólogo Nicholas Cohen realizaron un experimento en el que le dieron dos tipos de soluciones a unas ratas para ver como veía afectado el sistema inmune. La primera solución estaba constituida por un inmunosupresor y sacarina; la segunda solo por sacarina . Al suprimir el inmunosupresor y darles a las ratas solo la solución dulce se observó que los animales  mostraban igualmente los síntomas e incluso llegaban a morir. La magnitud y la respuesta esta directamente relacionada con el volumen de la solución. El resultado de esta investigación mostraba una posible conexión entre el sistema inmune y la respuesta psicológica.

    Después de esta investigación el psicólogo y el inmunólogo formaron la Psychoneuroinmunology Research Society con el objetivo de estudiar las interacciones comportamentales, neuronales y endocrinas con el sistema inmune. Es un campo interdisciplinario en el cual la nutrición no está específicamente señalada. La investigación es básicamente fisiológica cuyos resultados en animales y células no son extrapolables a la práctica clínica en la mayor parte los casos.

     La investigación es básicamente fisiológica cuyos resultados en animales y células no son extrapolables a la práctica clínica en la mayor parte los casos.

    Esto mismo lo afirmó el dietista-nutricionista Eduard Baladia en la jornada del codinucat sobre riesgos y peligros de los tratamientos sin base científica en 2017, añadiendo que la PNI no plantea terapias alternativas de eficacia probada por las autoridades sanitarias.

    Además en la misma jornada el endocrinólogo Andreu Nubiola comentaba que a pesar de que la PNI forma parte de un ámbito interdisciplinario, no es una especialidad médica. 

    Por tanto, queremos añadir que no es formación oficial de postgrado ni master, ni habilita para ejercer ninguna profesión.

    Intereses económicos

    Es precisamente desde ciertos intereses económicos por parte de individuos y empresas (que normalmente son ajenos a la profesión de DN) nacidos de la preocupación y desesperación de las personas en base a su sintomatología (digestiva, neurológica, fertilidad…) que se utiliza la PNI para hacer una campaña pseudocientífica con terapias dietéticas no probadas y planteando dietas milagro, provocando males adicionales a los que la siguen y aumentando el gasto a nivel sanitario.

    La PNI, nacida de esta entidades se sale del marco científico de investigación oficial, para abrir un nicho de mercado entorno a la nutrición y recurriendo en la práctica clínica al amimefuncionismo (término para afirmar un hecho en pocas personas y sin acreditación científica) sacado directamente de sus centros. Esto es importante ya que: 

    • No se puede contrastar lo que no está publicado y debidamente controlado y aleatorizado (¨esto es así porque yo lo digo así¨)
    • Los pacientes se sugestiona a un tratamiento super hincado de expectativas que esperan que funcione (efecto placebo).

    En materia digestiva sabemos que el estrés puede desencadenar síntomas digestivos. Por tanto, si a mi me genera tranquilidad estas expectativas con el tratamiento y me reduce el estrés haya cosas que puedan mejorar pero no por el tratamiento en sí. La manera de corroborar esto sería haciendo estudios científicos al respecto (bien diseñados) y publicándolos. Pero eso implicaría asumir un posible resultado contrario a estas expectativas. Otros campos donde suele suceder esto son por ejemplo las disciplinas pseudocientíficas de la osteopatía y acupuntura.

    La desinformación puede desembocar en no acudir con rapidez al tratamiento oficial con mayor evidencia y poner en serio riesgo la salud

    Riesgos de la psiconeuroinmunología aplicada a la nutrición

    Cuando la PNI es aplicada por estas entidades al campo de la nutrición se usan protocolos restrictivos como:

    • Eliminación de alimentos y demonización. Como es el caso del gluten y las legumbres tachadas de causar problemas de salud o incluso de tener un efecto tóxico en humanos.
    • Instauración de ayunos intermitentes y pocas ingestas al día para supuestamente mejorar la digestión y rendimiento deportivo.
    • Recomendación del uso de suplementos sin evidencia.
    • Uso de medicina natural en patologías en respuesta a una desconfianza a la medicina tradicional

    Sobra decir que ninguno de estos aspectos esta demostrado y que incluso pueden poner en riesgo la salud de las personas debido a:

    • Un mayor riesgo de TCA (trastorno de la conducta alimentaria).
    • Déficits nutricionales.
    • Una ingesta de suplementos por encima de lo recomendado (o sin estar justificado por una analítica) que pueden resultar tóxicos.
    • Desinformación, que puede desembocar en no acudir con rapidez al tratamiento oficial con mayor evidencia (es decir ir al médico)
    • Problemas digestivos (por ingesta de magnesio y déficits de fibra)…

    Muchos de los postulados de esta PNI moderna se pueden atajar rápidamente como por ejemplo, cuando alarman sobre la presencia de antinutrientes en alimentos sin tener en cuenta que se inactivan con simples cocciones o que en el balance inflamatorio la nutrición es un factor más bien pequeño frente al ejercicio o el descanso.

    Si quieres saber más sobre la PNI te recomendamos leer la posición del colegio de dietistas-nutricionistas de Cataluña sobre las terapias nutricionales relacionadas con mecanismos de acción investigados por la psiconeuroinmunología.


  • Algunos mitos y verdades de la pérdida de grasa

    Algunos mitos y verdades de la pérdida de grasa

    Se acerca el verano y es común que en redes los influencers promuevan la operación bikini, que consiste en perder peso y grasa de forma ultrarrápida.

    Si bien mercantilizar estas bajadas que se promocionan más allá de las leyes de la fisiología es algo poco ético lo cierto es que se realiza demasiado a menudo hasta por dietistas-nutricionistas como yo.

    Hoy os quiero traer algunos datos sobre la pérdida de grasa, que tanto nos trae de cabeza


    1. Oxidación de grasa y entrenamiento

    La grasa no se quema, se oxida. Con entrenamiento. Es un mito común que la pérdida de grasa se da en mayor medida en entrenamientos de baja intensidad. Es cierto que en esos límites de bajas pulsaciones se hace un uso más continuado de la grasa, pero éste se considera despreciable teniendo en cuenta el gasto calórico que hacemos.

    Cuando hacemos cualquier actividad física o nos movemos desde el minuto 1 siempre estamos quemando grasa, pero también oxidamos carbohidratos. Es un consumo mixto que va hacia un lado y hacia otro de la balanza. Lo que realmente determina la pérdida de grasa es el gasto calórico y se gasta más por unidad de tiempo cuando la intensidad sea más alta. Depende también del tiempo que entrenemos, igualmente la alta intensidad durante 5 minutos poco nos va a aportar.


    2. Comer grasa para perder grasa

    La grasa tiene la particularidad de ser muy saciante, pero también muy energética, mucho más que proteínas o carbohidratos (9 kcal/g vs 4 kcal/g). La afirmación de comer grasa para perderla procede en mayor medida de los fanáticos de las dietas muy bajas en carbohidratos o cetogénicas, la tribu de los «keto» por decirlo de alguna manera.

    Lo cierto es que lo que sucede aquí es puro déficit calórico y pérdida de agua al reducir los hidratos de carbono y por tanto el glucógeno muscular y hepático, que retiene agua (nos hidrata por decirlo así). Las personas que siguen dietas cetogénicas también dejan de comer cereales de desayuno ricos en azúcar (que no aporta nutrientes de interés) y ultraprocesados y consumen más alimentos frescos, cocinados y llenos de nutrientes.

    Si hiciéramos esto mismo, dejar de comer comida chatarra y sin valor, con un patrón de alimentación equilibrado como la dieta mediterránea obtendríamos exactamente lo mismo sin necesidad de un planteamiento tan distinto y agresivo.

    La proteína también suele estar más elevada al consumir más grasa porque carnes o pescados contienen ambas y eso contribuye al efecto de pérdida. Pero llega un punto que se deja de perder grasa principalmente porque es fácil pasarse a nivel energético con las grasas.

    Además, las grasas no precisan de insulina para su retirada de sangre e ingreso en la célula, lo pueden hacer directamente al tejido graso. Por eso mismo pasarnos con ellas puede acabar ejerciendo el efecto contrario que queremos conseguir.


    3. Comer mucha proteína para perder grasa

    Es cierto que un consumo más elevado de proteína puede mantener la masa muscular y mantener más elevado el gasto metabólico, que se reduce poco a poco cuando estamos en déficit calórico en una dieta. Esto es debido a que el músculo demanda recursos y perderlo es un desastre para mantener el peso perdido.

    Pero tampoco es una varita mágica. A menudo se tiende a consumir más proteína de la que podemos captar a nivel muscular. El ejemplo típico es aquella persona que va al gimnasio, entrena 5 minutos, se mira al espejo y luego le da un buen lingotazo a su batido de proteínas. Vamos, que no ha hecho nada y esa proteína no se va a convertir en músculo porque sí.

    Otra cosa a tener en cuenta es que la proteína sí tiene valor calórico y a menudo las fuentes proteicos van ligadas a fuente de grasa. Por tanto quizás estemos saliendo del déficit calórico que permita la pérdida de grasa haciendo esto.


    4. Cuanto menos grasa corporal, mejor

    Lo cierto es que no: cuanto menos grasa corporal puede ir peor. La grasa ejerce acciones hormonales y reguladoras además de la función energética. Por tanto tener ciertas reservas de grasa corporal es esencial para, por ejemplo, tener una mayor tolerancia al frío, que la menstruación se produzca o que los hombres produzcamos testosterona en cantidades adecuadas.

    La grasa además forma parte de las membranas lipídicas de las células y nos protege de daños que puedan sufrir los órganos a nivel mecánico.

    Y sin olvidarnos de las funciones de transporte de vitaminas solubles en grasa. Vitaminas como la D, tan de moda en estos tiempos por su relevancia para la función inmunitaria, no se podrían absorber. Que haya reservas también es importante para que circulen estas grasas en sangre y se produzca una buena absorción de vitaminas.


    5. Los macronutrientes son la clave

    De nuevo lo cierto es que no es así tal cual. Muchos micronutrientes influyen sobre el metabolismo de grasas como las vitaminas B1, B2 y B3 o los minerales magnesio o zinc.

    Además, la fibra es otro recurso útil para la pérdida de grasa, no sólo porque reduce la cantidad energética que absorbemos con cada comida y evita los excesos de grasa, encapsulándola, sino que también es fuente de polifenoles como los lignanos que regulan las grasas en sangre y ejercen ciertos efectos metabólicos en menor medida. Y desde luego sin la fibra nos costaría ir al baño bastante, estando más hinchados y dificultando la pérdida de peso.

    Como os digo siempre, no todo es arroz y pollo en el mundo de la nutrición para la estética corporal. Es un mito que hay que derribar poco a poco.


    6. Cuanto más déficit calórico, mejor

    Cuando estamos en déficit calórico por cualquier razón estamos generando una fuente de estrés. Si se junta con estrés laboral, malos hábitos de sueño o una mala nutrición puede ser una bomba de relojería para que no solo no perdamos peso sino que pongamos en riesgo la salud.

    Las pérdidas de peso y grasa tienen que ser supervisadas y a un ritmo adecuado para minimizar pérdida de masa muscular y déficits nutricionales.

    Además esta pérdida no siempre es lineal y a menudo se producen mesetas que impiden una mayor bajada. Lo ideal en este tipo de situaciones es que el déficit se intercale con periodos de una mayor ingesta de mantenimiento, para que no salgamos fatigados de la dieta y el cuerpo funcione como debe.

    Si descansas bien, controlas el estrés y vas poco a poco es probable que encuentres la clave para bajar peso y grasa y mantenerlo más tiempo.


    7. Ayunar es bien

    El ayuno funciona porque crea un déficit. Pero no funciona para todo el mundo ni genera mayores pérdidas de grasa que desayunar y mantener un déficit.

    El hecho de ayunar a algunas personas les genera un estrés innecesario. A menudo se recurre a él porque se crea un clima de odio hacia las 5 comidas que se habían prodigado hasta ahora por algunos dinosaurios de la nutrición poco actualizados. Pero no tiene mucha razón de ser.

    Ya sean 2, 3, 4, 5 o 6 comidas al día, se desayune o no se desayune, lo importante es que ese plan se adapte a ti, que te permita crear un déficit sin estrés y que sea un plan de alimentación que te permita una nutrición de calidad.

    De nada sirve el ayuno si nuestra alimentación es bastante precaria, podemos acabar con una malnutrición o, en el peor de los casos, una desnutrición además de por ejemplo trastornos digestivos o de conducta de la alimentación.


    Si quieres mejorar tu alimentación y tu salud pide cita siempre con un profesional. Puedes ver mi agenda y reservar una consulta conmigo clicando en el siguiente enlace:


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Ricardo Estévez

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